Crisis de Estado: Cataluña independiente

Ha pasado mucho tiempo desde venimos sufriendo la tensión entre Cataluña y el Gobierno Central. De hecho, creo que hay gente que ha perdido la noción del tiempo. Así, hoy día, no sería capaz de definir una fecha de inicio de esta última crisis de Estado que nos rodea y asfixia por igual.

En alguno medios me hartado a escuchar que esta situación de posible colisión del Estado, que han denominado con cierta gracia "pasión de catalanes" e "independizar en tiempos revueltos", tuvo su inicio en los primeros días de gobierno de la Administración Rajoy. Según estas teorías, ésta es la situación derivada de los intentos frustrados del President de cambiar el modelo financiación autonómica por uno más favorable ante el precipicio financiero ante el que se encontraba. Pero pensando en la crisis inmediata y la historia moderna del país el enfoque es erróneo.

Simplificar supondría  tomar como cierto que los problemas vienen de una frustración. Hasta aquí de acuerdo. Una frustración creada sobre la negativa del Gobierno de España ante un escenario de carreras de obstáculos financieros ante la que se encontraba. Aquí no. Simplificar que el problema catalán, limitarlo a la pela es demasiada simplificación.

No es concebible correr los riesgos que se corren, por la parte y por el todo, por una cuestión puramente crematística. El problema es de fondo: no existe un objetivo común para la existencia del Reino de España. Ni siquiera el fútbol ha conseguido dar esa unión, que sí consiguieron los Juegos Olímpicos del 92. Los Juegos de Barcelona o los Juegos en España, fue el último éxito. Falta la lucha por la consecución de un éxito / objetivo compartido del que todos nos sintamos participes.

¿Y que hacemos hoy? Estamos en plena crisis económica, con un paro galopante y una masa social destrozada anímicamente de tanta subida de impuestos y recortes en asistencias sociales. Bajo mi punto de vista sólo se puede tomar una determinación: remar, remar y REMAR.

Remar, es ir hacia adelante. Continuar con política que prioricen en los objetivos de Estado comunes a todos los españoles: bajar el paro, presión fiscal, mejorar servicios públicos y seguir construyendo el único objetivo que nos puede ayudar; contribuir al fortalecimiento de Europa. Para ello, hay que luchar por no echar más leña al fuego, alargar los procesos de referendum y otras formas de acción directa. No para no abordarlas nunca. Hay que resolver los problemas en un momento en el que el país disponga de mayor músculo. Sea para convencer a los que no creen en el proyecto común, sea para dividirnos cerca de la playa y no en plena tormenta de alta mar.

Tengamos siempre en cuenta que la unidad de España se hacer para algo y por algo. En caso contrario fracasará.

Para ampliar la idea que he intentado plasmar convendría repasar España invertebrada de José Ortega y Gasset. Libro que debería ser obligatorio en cualquier Universidad (si quiere escribirse con mayúsculas), son sólo ciento cuarenta páginas cargadas de contenido y debate.


Escuchado mientras escribo: Seda negra - Tako.

Periodistas y gladiadores

Por Beito Rubido en "La Tercera" de ABC, que razón tiene.

Ocurre con frecuencia que los periodistas quieren ocupar el lugar de los políticos, mientras estos sienten la irrefrenable tentación de dirigir los medios. Es el mundo al revés. O, para ser más precisos, la democracia al revés. Las empresas de comunicación abandonan su original misión hasta pervertirla. Pasamos de intentar ser la conciencia crítica del poder a pretender erigirnos en sus antagonistas. O en el propio Poder. Renunciamos a la labor de información y reflexión reposada e independiente para enzarzarnos en un debate descarnado, donde los partidos quedan en un cómodo segundo plano, a la espera de los posibles réditos del enfrentamiento a muerte entre los periodistas. Puede que nos parezca normal porque es lo que estamos acostumbrados a leer, ver y oír, pero no tiene ningún sentido. Ni mucho menos constituye un buen servicio al deber de contribuir a reforzar una sociedad sana, libre y avanzada. Al contrario, estamos ante una clarísima involución, en donde todos, aunque unos más que otros, arrastramos una cuota de responsabilidad.
 
Hace apenas unas semanas, el presidente de Coca-Cola Iberia, Marcos de Quinto, reflexionaba con un grupo de empresarios acerca del fenómeno del enfrentamiento entre periodistas de distintas sensibilidades ideológicas. Decía percibir mayor enconamiento entre los profesionales de la comunicación que entre los propios políticos y, desde luego, muy superior que entre los ciudadanos de a pie. Cuando el contraste de opiniones tiene lugar en un plató de televisión, se traduce desde la primera intervención en un bombardeo de descalificaciones al contrario. Casi un linchamiento, muy efectista, pero, por lo demás, del todo previsible. La pauta del programa incluye prácticamente siempre los mismos temas y personajes: cada frente se atrinchera en sus posiciones y ataca sin piedad hasta descender a lo zafio y personal. Se agranda el problema, que acaba por parecer casi un asunto de Estado. Mientras, se hurtan a la opinión pública otras muchas informaciones de su interés. El debate mediático condiciona los puntos de vista y determina lo que es importante y lo que no. Y lo que resulta más grave: provoca un desequilibrio de percepciones que nada bueno puede reportar a una sociedad urgida de madurar.
 
La centralidad del debate social sigue estando ocupada, en gran medida, por la agenda que marcan los diarios de información general. Pero no cabe duda de que televisiones y radios amplifican ese debate y ejercen mayor influencia sobre la opinión pública. En España, el dial radiofónico se encuentra más o menos equilibrado, mientras que la televisión se ha escorado hacia la izquierda. Se aleja así de una parte notable de su audiencia, que se siente huérfana de contenidos audiovisuales más cercanos a su sensibilidad política. Ni siquiera se satisface el derecho de los ciudadanos de acceder a una reflexión crítica e independiente. Salvo honrosas excepciones, la controversia que se manifiesta en los platós tiene más que ver con el espectáculo que con una contraposición de pareceres y análisis. Si un español se limita a juzgar el momento político por los fragmentos de realidad que determinados medios le aportan, concluirá que estamos a las puertas del Apocalipsis.
 
Tengo para mí que los comunicadores hemos sobreactuado en los últimos tiempos. Hemos sobrepasado los límites que le son marcados a nuestra propia actividad. Los periodistas no somos policías ni fiscales. Aún menos jueces. Incluso en nuestro aparente papel de informadores hemos desanimado a nuestras audiencias en exceso. Nos hemos regodeado en el pesimismo y el derrotismo; hemos optado por ahondar en las miserias. Trasladamos al ciudadano nuestras angustias económicas.
En España se está produciendo un desplazamiento de funciones e identidades entre poderes y otros protagonistas del juego democrático. La sociedad civil, a pesar de la irrupción de todo tipo de iniciativas, se ha debilitado en los últimos treinta años. Los poderes públicos se han vuelto hegemónicos y más constrictivos cuanto más pequeño es el territorio. Han ofrecido comodidad y bienestar a los ciudadanos a cambio de que estos renunciaran a sus derechos e ideas y, lo que es peor, a creer en ellos mismos.
 
Al tiempo, los partidos se han afanado en transformar su tradicional laboratorio de ideas en mecanismos de perpetuación. Los militantes han pasado a ser funcionarios. Las figuras, becarios. El debate se suplanta por el aplauso; la brillantez, por las adhesiones. La consecuencia es un empobrecimiento de la vida política. Un abandono del debate democrático, de la lucha parlamentaria y de la libertad de pensamiento. Justo de aquello que hace progresar a los pueblos. Una dejadez y una mediocridad que han llevado a que la dialéctica política se traslade a los medios de comunicación. Y así, en la democracia española, hemos pasado del debate político al debate mediático.
 
Los medios hemos usurpado la dialéctica parlamentaria, pero sin los límites ni la cortesía que le son propios. Estamos más enfrentados los periodistas que los políticos. Y lo preocupante es que de este modo se desdibuja la actualidad. Se modifica al gusto de tal cadena, cual periódico o aquel grupo de comunicación. La lupa de unos u otros amplifica determinados asuntos, mientras en España sigue siendo fundamental mirar hacia el drama del paro, la ilusionante recuperación económica, la reforma administrativa o educativa, la modernización del país, los intentos sediciosos de determinados nacionalismos… En definitiva, apremia la puesta al día de España y de los españoles, después de la fiesta y la siesta que en la bonanza pasada nos dimos todos, sin que nadie nos alertase del abismo hacia el que nos abocábamos tan felices. Falta reflexión de fondo. Mensajes fundados en pensamientos. Visión de futuro. Compromiso con el bien común. Estamos todos instalados en el corto plazo. Y así nos va.
 
Con esta dinámica no vamos a ningún sitio. Anima poco y resulta nada constructivo ver cómo «plebe y Senado» acuden al circo mediático a contemplar la lucha de unos gladiadores periodísticos que saltan a la arena y allí se convierten en jueces y césares de la sociedad. En esa arena escenifican luchas que no les corresponden. Los medios y quienes trabajamos en ellos podemos ser guardianes de la democracia. En ocasiones, alertando; en otras, dando esperanza, siempre contando la verdad, pero nunca suplantando el papel que la sociedad democrática tiene otorgado a otros. En ese equilibrio inestable que es el juego democrático, cuando los jugadores cambian sus posiciones corren el riesgo de convulsionar a la sociedad.

Análisis sobre la Universidad

Hace poco ha vuelto a hablar el Ministro de Educación y como cada vez que lo ha hecho, ha subido el pan. Esta vez a abierto el debate de becas y de manera indirecta la calidad de la educación superior en nuestro país.

Nuestro Ministro, José Ignacio Wert, es una persona a la que tras su trayectoria en el gobierno y habiéndole oído en varias tertulias en años anteriores definiría como una persona inteligente, provocadora y sobretodo transgresora.

Hasta ahora no ha realizado ninguna acción concreta, entre otras cosas porque la Educación es una competencia que se encuentra prácticamente transferida a las Comunidades Autónomas. Lo que si ha creado varios fuegos o debates. El último respecto a la reducción de becas en la Educación Superior.

Lo que nos ha llegado a los oído a través de los mass media ha sido la propuesta de implantar una nota mínima para recibir becas de un 6,5. Como en otras ocasiones no estoy de acuerdo en la solución planteada por el Ministro, aunque creo haber coincido plenamente con él en los problemas que tiene nuestra educación superior, bajo mi punto de vista los siguientes básicamente:

  1. Un exceso de titulados universitarios.
  2. Una calidad muy dispar de contenidos entre diferentes titulaciones (p.e. turismo e ingeniería naval).
  3. Una formación teórica falta de práctica.

Ante estos problemas se ha procurado llegar a las siguientes soluciones, en las que también coincido con nuestro Ministro:

  1. Reducción de titulados universitarios, incrementando profesionales cualificados vía FP.
  2. Incremento de la exigencia en varias titulaciones (especialmente en humanidades).
  3. Incrementar la autoexigencia personal de los alumnos más brillantes.

En lo que difiero del planteamiento del Ministro es en el camino  para llevarlos a cabo. A mi modo de entender la Educación Superior, al igual el funcionamiento idóneo de una Sociedad, ésta debe tener como principios fundamentales la libertad, la igualdad y la justicia (por este orden). Más si cabe teniendo en cuenta que en función de los cimientos formativos tiende a desarrollarse el futuro profesional de nuestra vida, que actualmente tiene como fecha límite los 67 y subiendo.

En mi humilde opinión las líneas maestras que deberían seguirse a aplicar en la Educación Superior deberían ser las siguientes:

  1. Libertad. Creo que las pruebas de acceso a la Universidad fundamental para garantizar la libertad de elección. Estas pruebas deberían ser la verdadera barrera de entrada a la universidad, ya que debe impedir que aquellas personas que no estén dispuestas a sacrificarse (estudiar) o no tengan la capacidad suficiente (el menor de los casos) puedan acceder a la universidad. Todo el mundo debe poder entrar, aunque requerirá de esfuerzos que hay que estar dispuestos a asumir. Es la eterna matriz de derechos-oportunidades. A su vez con el objetivo de permitir que cualquier persona pueda formarse en sector / actividad soñado, hay que crear una red de Formación Profesional escalonada por niveles de dificultad que permitan el desarrollo personal de cualquier persona.

  2. Igualdad: Para garantizar la igualdad de oportunidades, es necesario que el Estado cree una estructura que limite que se pueda menoscabar las oportunidades de las personas de los estratos sociales más bajos. Para ello, hay que dar ayudas y becas a las personas que puedan tener dificultades económicas para costearse la Universidad. Esto no implica que la Educación Superior sea prácticamente gratuita para todo el mundo (actualmente lo es en un 80% del coste). No parece lógico que las personas que generalmente tienen los salarios más bajos (sin titulación) costeen la educación de una gran parte de la Sociedad con mayor nivel de renta. Por ello, las becas deberían cubrir un mínimo del coste de matricula más manutención y alojamiento. Y estas deben facilitarse en las mismas condiciones que al resto del alumnado, es decir, el aprobado es suficiente para obtener un título y para obtener una beca. Otra acción importante por el Estado debería ser eliminar el actual método acceso Universidades Privadas. Para garantizar la igualdad el Estado debería sacar una serie de plazas por titulación y que los alumnos puedan elegir siempre una Universidad Pública (sin inconveniente que las Universidades Privadas puedan ofrezcan títulos homologados, pero nunca restando plazas para la pública). No existe la igualdad de oportunidades en este país en el que con dinero puedas obtener un título de medicina en Privada, mientras otra persona con mayor capacidad y vocación no pudo acceder a la titulación al tener la Pública una nota de corte más elevada. En caso contrario caeríamos en la generación de élites por nivel de renta cuando el objetivo de la Educación Superior es la creación de "élites por nivel formativo".

3. Justicia. En este punto, sería necesario unificar niveles de exigencia para las diferentes carreras. Las diferentes licenciaturas (o grados actualmente) actualmente tienen el mismo status formativo, en consecuencia debería exigirse el mismo esfuerzo a los alumnos. Esto no quiere decir, que haya que adquirir los mismos conocimientos en las diferentes carreras, pero sí que sean exigentes por igual (sea en forma de examen, lecturas, investigación o análisis de documentos) en la formación; tanto en una asignatura de anatomía de medicina, como una asignatura de marketing en Economía. Si no existe materia, ni bibliografía suficiente es que no merece ni ser materia universitaria. La justicia es la que marca el nivel de dificultad y que debe regularse en función de las necesidades de cada Sociedad, pero que deben ser iguales para todos.

Mucha suerte señor Wert.

Liga Nacional de Futbol Sala

Algo está funcionado mal en esta liga. Desde hace unos años ha irrumpido el F.C. Barcelona reventando el mercado de fichajes. Ha jugado con un presupuesto que ha elevado los salarios de los jugadores y de la liga profesional, creando una situación en el deporte que se ha hecho insostenible económicamente para muchos equipos históricos como el Talavera o el Playas de Castellón. Por ello, hoy la liga es una comparsa de catorce equipos tras el descenso económico de dos equipos dejando la liga con menos participantes (y competitividad), cabe mencionar que existe otro equipo que no tiene para pagar a los árbitros a mitad de temporada.

Algo está funcionando mal en esta liga. Y es que este deporte al que amo, cada vez se parece menos al que conozco. Lo primero fue el cambio de normativa, que desde que permite el portero-jugador ha cambiado drásticamente. Yo pienso que a peor.

Algo está funcionando mal en esta liga. Con la aparición del F.C. Barcelona, cuya plantilla es tan impresionante que hace al deporte en previsible y más aburrido ante la falta de competitividad. Hay buenos equipos como ElPozo de Murcia, InterMovistar, Santiago o el Caja Segovia, equipo que cada temporada se reinventa. Añadiendo que el F.C. Barcelona es un equipo sin tradición, cuyos objetivos son otro, resulta hasta insultante. Barcelona tiene población (y seguramente afición) para tener un equipo de primer nivel, pero esto es lamentable para el aficionado que lleva años siguiendo la liga.

No sé como se puede cambiar esto, pero es un sinsentido que exista una competición donde no se puede "competir". En la liga de fúbol profesional, hay niveles muy diferenciados, pero en esta liga hay tres peldaños. El campeón de todo, los primeros espadas y la lucha por el descenso. Todos comparsas (o con el Barça). Hoy mientras escribo esto, estoy viendo el Inter-Barça, no se como empieza pero sé como va a acabar. Da rabia pensar que hay alguien que puede comprar un deporte.

Algo creo que habría que reflexionar y cambiar.

Entrevista de Jot Down a Sala i Martín

Genial entrevista realizada por Jot Down a Xavier Sala i Martín.

En parte de sus argumentos no estaremos de acuerdo, pero se trata de una persona de gran inteligencia y un punto de locura (sus chaquetas de colores y su reloj en cada muñeca) a la que le han realizado una fantástica entrevista. Da gusto leer entrevistas de más de 5 preguntas que te puedan llevar a una reflexión o idea  a través de una contextualización que sólo (la RAE recomienda su uso sin tilde, lo permite) se consigue con una entrevista de esta magnitud. Una bocanada de aire fresco en los tiempos que corren.

Hay dos maneras de presentar a Xavier Sala-i-Martin. La primera es la convencional. Xavier Sala i Martín (Cabrera de Mar, 1963) es economista, doctor por la Universidad de Harvard, catedrático de la Universidad de Columbia y autor de varios libros sobre crecimiento económico y liberalismo. Fue tesorero y presidente de la Comisión Económica del FC Barcelona, y es el fundador de la Fundación Umbele: un futuro para África. Es colaborador habitual de La Vanguardia y TV3, y su nombre suena insistentemente como futuro ganador del Premio Nobel de Economía. La segunda manera de presentarlo no consiste en aludir a su heterodoxia (algo de lo que ciertamente puede dar fe su llamativo árbol de Navidad, cuya neumática presencia gravita sobre nosotros durante toda la conversación) sino a su cartesianismo. Xavier Sala-i-Martin es cartesiano. A lo largo de la entrevista, de casi dos horas de duración, utiliza más de una docena de veces la expresión “por lo tanto” encapsulada entre una detallada explicación en la mejor tradición de la ciencia divulgativa anglosajona y una conclusión aplastantemente lógica. Discutir de ecuaciones con un ordenador debe permitir más margen de maniobra que una conversación con Xavier Sala-i-Martin. Lo cual, evidentemente, solo habla en su favor.